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“Design positive”: de la dirección artística al diseño tipográfico

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  • "Design (r)evolution"
  • Número 09 - 6 de marzo de 2019
Dominique Barbieri
  • Dominique Barbieri

Artista visual, director artístico y diseñador tipográfico, Cosimo Lorenzo Pancini es docente del IED desde 2010, coordinador del curso de Typography and Calligraphy y socio fundador (junto con Francesco Canovaro y Debora Manetti), del estudio Kmzero, agencia intermediaria que ha realizado proyectos de imagen para clientes como Sky, Vogue, Wired o La Repubblica. En esta entrevista narra la evolución del design y la importancia que tiene en su cotidianidad.

Autor, con su funente digital Zetafonts, de tipografías difundidas en todo el mundo, descargadas por más de 15 millones de usuarios y utilizadas por clientes como Google, Coca Cola company, AT&T Usa o Target Australia, ha sido uno de los creadores del festival Lucca Comics & Games, de la que es Director Artístico de imagen desde 2005.

“Ocuparse de diseño es, para mí, el mejor modo de conjugar mis capacidades artísticas y mi natural curiosidad hacia la posibilidad de hacer algo útil para los demás. A veces –como en el caso del diseño tipográfico– se convierte en una obsesión, pero al mismo tiempo puede ser increíblemente divertido, si consigues compartir tus pasiones con las personas correctas. Es decir, el diseño, como cualquier otra actividad artística, no se ve afectado por ser considerado solo un trabajo, sino que a menudo resulta un modo para comunicar y dar sentido a la vida común”.

¿Cómo describe y define su trabajo?

Dar una definición es una de las cosas más difíciles. Normalmente me defino como “director artístico” y “diseñador tipográfico”, pero esto no me ha impedido hacer también cortometrajes animados, instalaciones interactivas, escenografías teatrales, cómics e ilustraciones. Creo que soy una persona afortunada: lo que hago me divierte y me permite vivir. Como dice James Victore: “Your work is a gift” (Tu trabajo es un regalo), y para mí es cierto.

¿Cuándo comprendió que se había convertido en diseñador?

En su libro How to, Michael Bierut describe el momento en el que, siendo un muchacho, su padre le enseñó el logo de una empresa que producía montacargas, haciéndole intuir como la L de la palabra “lift” se había usado para elevar la I, creando una metáfora visual. Es la narración de una pequeña iluminación en la vía hacia Damasco que creo que le ha pasado a todos: el descubrimiento de las potencialidades de la escritura que se convierte en dibujo.

En mi caso, el primer contacto con el diseño tipográfico se produjo cuando, a los 10 años, compré un catálogo de transferibles Letraset, que usaba para los títulos de mis cómics. Páginas y páginas con diferentes modos de dibujar las letras entre las que me perdía con la boca abierta.

Pero igual que ocurre con muchos diseñadores, el recorrido que me ha llevado al diseño no ha sido lineal, sino tortuoso y lleno de dudas. Y, sobre todo, totalmente autodidacta: todo lo que sé de mi profesión lo he aprendido trabajando y, sobre todo, leyendo una infinidad de libros. Ahora que soy profesor, a menudo siento envidia de mis estudiantes, ¡porque veo que tienen la posibilidad y los instrumentos a disposición para aprender en poco tiempo cosas que a mí me han costado tanto esfuerzo y errores en el terreno!

¿Cómo ha nacido Kmzero?

El estudio nace tras la reunión de cinco personas que trabajaban en la agencia Lcd de Florencia en el año 2000. Era un período pionero para la creatividad digital, una mezcla extraordinaria de experimentación, esperanzas hacia el futuro y ansia por el bug del milenio. Lcd fue mi primer encuentro con un auténtico estudio gráfico contemporáneo, que aun trabajando para la realidad florentina, prestaba una gran atención al panorama internacional y a las inspiraciones del diseño vanguardista que, en su momento, provenía principalmente de California, con David Carson como referente.

En Lcd he conocido a otras personas que compartían mis ideas sobre el diseño gráfico como actividad transmedial y pluridisciplinar y, trabajando juntos, hemos entendido que queríamos fundar un estudio completamente nuestro. Alquilamos un apartamento en el centro de Florencia para empezar la aventura de Kmzero. La experiencia de Zetafonts nació poco después, cuando tras de un año de trabajo muy rentable, pero poco satisfactorio, decidimos invertir parte de nuestras ganancias en una publicación, un libro/revista que titulamos Ego[n]. Entre los numerosos objetivos que nos habíamos marcado, estaba el de crear un carácter tipográfico ideal para cada uno de las doce secciones de la revista: una idea muy ambiciosa que nos ha permitido realizar una primera y pequeña colección de caracteres. A continuación, comenzamos a acostumbrarnos a crear un nuevo carácter tipográfico para cada trabajo de marca y, ante el éxito de descargas generadas en plataformas como Dafont, Francesco propuso abrir nuestra fuente digital para intentar comercializarlos: así nació Zetafonts, que hoy tiene más de mil fuentes publicadas en un centenar de familias, utilizadas por millones de personas en todo el mundo.

¿Cómo ve y vive el trabajo del diseñador actualmente? ¿Cuánto ha cambiado a lo largo de los años?

Es inútil subrayar cómo la revolución digital a finales del milenio pasado ha desencadenado en nuestra profesión un proceso de cambio y de evolución del que todavía no vemos el final. Yo he tenido la suerte de vivir todas las innovaciones, pero también de haber sido el último que usa todas las tecnologías tradicionales, y esto me ha dotado de la capacidad de abrazar las nuevas tecnologías manteniendo al mismo tiempo un sano escepticismo. Sigo usando el papel para los borradores de los proyectos, e intento no ser demasiado dependiente de los últimos softwares. Es importante recordar que ser diseñador gráfico y saber usar las Creative Suites no es lo mismo…

¿Tiene un método para proyectar o cambia en función del trabajo y del cliente?

Durante años fui un improvisador incansable, pero últimamente privilegio la fase de investigación. Sobre todo, me he dado cuenta de que las soluciones de diseño más importantes no se encuentran estando solo en el estudio, sino con el cliente, discutiendo de forma constructiva. Por ello, últimamente damos mucha importancia a nuestras presentaciones, que quieren ser, sobre todo, un instrumento de brainstorming colectivo con el cliente. Cuando en la cabeza se ha formado una imagen bastante precisa del proyecto, ese es el momento de encender el ordenador y terminar todo.

Durante muchos años hemos estado obsesionados por la lógica de “hacer tantas propuestas”, esto nos obligaba a movernos en todos los terrenos y a presentar ideas que, a menudo, no nos convencían demasiado… ¡pero que al final los clientes elegían regularmente! Para evitar esta frustración, ahora en la primera fase intentamos trabajar siempre de forma abstracta conforme a ideas y basándonos en el estilo, definiendo el modo y los motivos de un proyecto antes de proceder a las decisiones estéticas. Si haces evaluaciones más importantes en modo abstracto, después será solo cuestión de decidir cuál es la forma más agradable, pero no te arriesgas a seguir ideas proyectuales erróneas.

¿Cómo se mantiene siempre actualizado?

Naturalmente en Internet, con sitios escaparate como Behance o Pinterest, blogs de cazadores de tendencias, como It’s Nice That! o Fast Company pero sobre todo gracias a libros y revistas. La biblioteca en el estudio cuenta con miles de volúmenes y sigue creciendo… Además, en la medida de lo posible, también procuro participar en convenciones, visitar exposiciones, expandiendo lo máximo posible mi campo de conocimientos.

¿Qué es fundamental para un diseñador?

Responderé citando a uno de mis diseñadores preferidos, Jonathan Barnbrook, cuyo discurso a los graduados de la promoción de 2015 en la Central Saint Martins University concluye con un consejo aparentemente incongruente: “Sed gentiles”. Esto es algo muy bonito y sencillo, pero extremadamente importante, porque el trabajo del diseñador o de cualquier otro artista comercial implica la relación con los demás: así, el modo con el que nos relacionamos con los demás y el carácter se convierten en un componente fundamental para trabajar bien. Y esto es realmente importante para nosotros. Si eres un creativo, pasarás mucho tiempo en tu lugar de trabajo: y es tu actitud la que marcará la diferencia entre un estudio o una mera oficina. Para nosotros, en Kmzero y Zetafonts, esto quiere decir que, en general, no creemos en una actitud empresarial agresiva y que ponemos siempre en el centro las ideas y el diálogo en las relaciones. Es lo que llamamos “diseño positivo”, y nace de la idea de que el trabajo del diseñador gráfico no se produce nunca –como a veces creen los jóvenes– contra el cliente, sino con él. Y aunque casi nunca los amigos son buenos clientes, los mejores clientes son aquellos con los que se enlazan relaciones más amistosas.

Hoy coordina el curso de Typography and Calligraphy  The Font Design. ¿Cómo nació esta idea?

La experiencia de enseñar siempre ha formado parte de mi vida: he enseñado cómics durante casi 20 años y gráfica durante más de 10. Cuando empecé ocupándome mucho del campo del diseño tipográfico, pensé que me habría gustado conocer a otras personas con esta pasión. A menudo, enseñar también es una forma de aprender: narras algo, entiendes mejor tus motivaciones y tu método, y conoces a personas apasionadas que te aportan algo a cambio. El curso de Typography and Calligraphy nace en un momento en el que hay un gran interés hacia la caligrafía y la tipografía, como se puede entender gracias a los innumerables libros o perfiles de Instagram que tratan este tema. Junto a Marzia Lodi, responsable de los cursos de artes visuales del IED, hemos intentado inventar un curso breve e intensivo, con la colaboración de los mejores nombres italianos. Estamos al principio, pero es un proyecto que se merece crecer, porque ya está creando una pequeña comunidad de personas interesadas en la cultura del diseño tipográfico.

Autora: Dominique Barbieri